EL OFICIO DEL CHEF
Para muchos cocinar es el acto de someter a los alimentos a alguna cocción para luego comer. Sin embargo, hay unos para los que cocinar va más allá.
Alguien que cree profundamente en las bondades de los productos que tiene a mano, confía y respeta cada fruta, cada vegetal, es capaz de revivir la fuerza o la nobleza de las carnes, ya sean pescados o mariscos, de un sublime conejo, del regio salmón, del versátil pollo o logra potenciar toda la energía de una cebolla para un reconstituyente caldo.
Es ese que decide volcar tan noble sentimiento al servicio de otros. Pensando que va más allá de la alimentación y que cree en la nutrición. Alguien que simplemente traduce sentimientos en cada plato; ese es el chef, un cocinero que va más, pero mucho más allá. Es alguien a quien más que su pago mensual lo alienta el rostro satisfecho de sus comensales.
Es por ello que estas líneas pretenden mostrar cuales son las funciones de un chef en la cocina y espera suscribirse a las necesidades de muchos anónimos chef que día a día entienden el cocinar para los suyos tal y como nosotros lo hacemos. Es definitivo que el paladar es importante, quien no le gusta comer ni tuvo una buena enseñanza, es muy difícil que entienda de lo que hablo. No hablo de especialidades o de grandes cosas, la sencillez es lo más importante, sino de interpretar los tantos pequeños detalles que te rodean.
Es simplemente voltear la mirada hacia esos empíricos y anónimos chef que todos nosotros conocimos, nuestras mamás y abuelas. Ellas son quienes verdaderamente poseen los secretos del chef (si no me cree, cuando vayan a su restaurant de confianza, hable con el chef y verá que tengo razón) más allá de la escuela, sea cual sea esta, léase como escuela nuestro origen, nuestras raíces.
Para reforzar un poco esto último, basta con referirnos a la frase "la riccetta di la nona". Parece simple, pero es que a esas nonas les enseñaron a la familia, a decirles en cada plato lo feliz que las hacían. Todo esto no con parafernalias, sino con elementos simples y preparaciones sencillas, pero muy dedicadas. Esa era su manera de expresarnos cuanto le importamos, eso es el oficio de ser chef. O bien hagamos referencia a la novela de Laura Esquivel "Como agua para chocolate" y veamos como Tita aprendió de su nana los secretos de transmitir sentimientos a través de la comida y de esa manera mantuvo vivo el amor hacia Pedro, el esposo de su hermana. Tanto así que su sobrina aún cuida y prepara sus recetas.
Eso es entonces el oficio de ser chef. Somos los que día a día dedicamos nuestra vida a las ollas y los fogones, vestidos de filipina (traje), cofia (gorro) y delantal blanco, vemos a nuestros seres queridos en cada comensal y eso lo plasmamos en los platos que servimos y esa manera especial y si se quiere ecléctica y artística de hacerlo. Somos especie de alquimistas con los caldos y cosas que disponemos para preparar esas pociones mágicas que logran llenar los restaurantes. Los que no creemos en la cocina afrodisíaca ya que se hace con empeño, atención y dedicación, así como es el amor. Los que nuestra primera escuela fueron nuestras mamás y abuelas (en mi caso particular aun no supero sus arepas) aún y cuando nos hayamos graduado en alguna institución. En fin como se ve, no somos seres salidos de libros complejos de cocina, sino del calor, sino del calor y sencillez de las cocinas de nuestras casas, así exactamente como ustedes. Si usted es de los que aspira cocinar como un chef, piense primero que antes de la técnica va el corazón y antes de la escuela, vire su mirada a la familia, esto le permitirá, además de un nuevo acercamiento, descubrir que tuvo un chef en su casa, a quien quizá no lo dio el valor que merecía, pero no se preocupe, aún hay tiempo, hágalo.
Alguien que cree profundamente en las bondades de los productos que tiene a mano, confía y respeta cada fruta, cada vegetal, es capaz de revivir la fuerza o la nobleza de las carnes, ya sean pescados o mariscos, de un sublime conejo, del regio salmón, del versátil pollo o logra potenciar toda la energía de una cebolla para un reconstituyente caldo.
Es ese que decide volcar tan noble sentimiento al servicio de otros. Pensando que va más allá de la alimentación y que cree en la nutrición. Alguien que simplemente traduce sentimientos en cada plato; ese es el chef, un cocinero que va más, pero mucho más allá. Es alguien a quien más que su pago mensual lo alienta el rostro satisfecho de sus comensales.
Es por ello que estas líneas pretenden mostrar cuales son las funciones de un chef en la cocina y espera suscribirse a las necesidades de muchos anónimos chef que día a día entienden el cocinar para los suyos tal y como nosotros lo hacemos. Es definitivo que el paladar es importante, quien no le gusta comer ni tuvo una buena enseñanza, es muy difícil que entienda de lo que hablo. No hablo de especialidades o de grandes cosas, la sencillez es lo más importante, sino de interpretar los tantos pequeños detalles que te rodean.
Es simplemente voltear la mirada hacia esos empíricos y anónimos chef que todos nosotros conocimos, nuestras mamás y abuelas. Ellas son quienes verdaderamente poseen los secretos del chef (si no me cree, cuando vayan a su restaurant de confianza, hable con el chef y verá que tengo razón) más allá de la escuela, sea cual sea esta, léase como escuela nuestro origen, nuestras raíces.
Para reforzar un poco esto último, basta con referirnos a la frase "la riccetta di la nona". Parece simple, pero es que a esas nonas les enseñaron a la familia, a decirles en cada plato lo feliz que las hacían. Todo esto no con parafernalias, sino con elementos simples y preparaciones sencillas, pero muy dedicadas. Esa era su manera de expresarnos cuanto le importamos, eso es el oficio de ser chef. O bien hagamos referencia a la novela de Laura Esquivel "Como agua para chocolate" y veamos como Tita aprendió de su nana los secretos de transmitir sentimientos a través de la comida y de esa manera mantuvo vivo el amor hacia Pedro, el esposo de su hermana. Tanto así que su sobrina aún cuida y prepara sus recetas.
Eso es entonces el oficio de ser chef. Somos los que día a día dedicamos nuestra vida a las ollas y los fogones, vestidos de filipina (traje), cofia (gorro) y delantal blanco, vemos a nuestros seres queridos en cada comensal y eso lo plasmamos en los platos que servimos y esa manera especial y si se quiere ecléctica y artística de hacerlo. Somos especie de alquimistas con los caldos y cosas que disponemos para preparar esas pociones mágicas que logran llenar los restaurantes. Los que no creemos en la cocina afrodisíaca ya que se hace con empeño, atención y dedicación, así como es el amor. Los que nuestra primera escuela fueron nuestras mamás y abuelas (en mi caso particular aun no supero sus arepas) aún y cuando nos hayamos graduado en alguna institución. En fin como se ve, no somos seres salidos de libros complejos de cocina, sino del calor, sino del calor y sencillez de las cocinas de nuestras casas, así exactamente como ustedes. Si usted es de los que aspira cocinar como un chef, piense primero que antes de la técnica va el corazón y antes de la escuela, vire su mirada a la familia, esto le permitirá, además de un nuevo acercamiento, descubrir que tuvo un chef en su casa, a quien quizá no lo dio el valor que merecía, pero no se preocupe, aún hay tiempo, hágalo.
